El Día del Bombero Voluntario no fue una fecha más para Pueblo Andino. Toda la localidad se unió de manera unánime para abrazar y agasajar a quienes día a día arriesgan su vida por la comunidad. Los festejos comenzaron temprano con la tradicional formación y el emblemático toque de sirena que despertó el orgullo andinense. Desde las primeras horas de la mañana, los frentes de los comercios y las principales arterias del pueblo lucieron ornamentados con globos amarillos, rojos y naranjas, anticipando la fiesta que se viviría en las calles.
El acto protocolar contó con una fuerte presencia de autoridades locales y de la comisión directiva, reflejando el respaldo institucional que sostiene al cuerpo activo. Las palabras alusivas estuvieron a cargo del presidente comunal, Federico Martello, y de la presidente de la comisión de Bomberos, Mónica Battistini. El momento de mayor emotividad llegó al cierre de los discursos, cuando el jefe del cuerpo, Joaquín Cabrera, tomó la palabra; visiblemente conmovido, la emoción le quebró la voz al agradecer el esfuerzo diario de sus dirigidos y el acompañamiento incondicional del pueblo.
El rugir de las sirenas y el calor de las escuelas
Tras las formalidades, las autobombas y vehículos de rescate encendieron sus motores para dar inicio a una emocionante caravana por las calles de Andino. El punto cúlmime del recorrido se vivió al llegar a las puertas de la Escuela N° 256. Allí, cientos de alumnos esperaban ansiosos en el patio y la vereda. El frente del establecimiento estaba completamente decorado con globos y empapelado con decenas de dibujos alusivos que los niños habían preparado especialmente para la ocasión.
El encuentro dejó postales inolvidables. En un primer momento, los bomberos se acercaron al tejido perimetral para pasar sus manos y chocar las palmas con los pequeños que se amontonaban del otro lado. Sin embargo, el insistente y ensordecedor cantito de «¡Bomberooos, booomberoos!» obligó a romper el protocolo. Ante la invitación formal de los directivos de la institución, los «muchachos del cuartel» ingresaron al patio escolar. El recibimiento fue digno de estrellas de rock o ídolos de fútbol: una euforia infantil incontrolable, aplausos y rostros llenos de admiración. Los alumnos de tercer grado tuvieron un protagonismo muy especial en el agasajo, logrando que a más de un bombero se le escapara una lágrima de orgullo detrás de sus uniformes.
La caravana continuó viaje y sumó una nueva parada de pura ternura unas cuadras más adelante, en el Jardín Nucleado N° 265. Los más pequeños del pueblo también aguardaban con ojos abiertos de par en par. Con enorme timidez y orgullo, los niños hicieron entrega de un presente confeccionado con sus propias manitos, coronando una jornada inolvidable.
El festejo terminó, pero dejó flotando en el aire una certeza y una pregunta compartida por los vecinos que miraban la escena: ¿cuántos de esos chicos habrán decidido, hoy mismo, que de grandes quieren ser bomberos? En Andino, los servidores públicos fueron tratados como lo que verdaderamente son: los héroes de todos los días.
