Para entender el valor de nuestro templo actual, hay que viajar en el tiempo casi un siglo atrás. Corría octubre de 1929 cuando el presbítero Samuel Santa Cruz, el cura párroco que por aquel entonces atendía la Parroquia de Serodino y nos visitaba, vio la necesidad imperiosa de que Pueblo Andino tuviera su propio espacio de fe. Con esa convicción, le solicitó formalmente la autorización a Monseñor Boneo, obispo de Santa Fe.
La respuesta de la comunidad no se hizo esperar. Gracias a una intensa campaña de reunión de fondos en la que participó cada vecino y a la generosa donación de dos lotes de terreno por parte del Dr. Claudio Andino, la piedra fundamental del nuevo templo fue finalmente colocada. Aquella fue la primera semilla de un emblema local.
Julio de 1935: Un pueblo de fiesta y un cielo custodiado

Seis años de esfuerzo colectivo tuvieron su recompensa hacia fines de julio de 1935. Las obras del nuevo templo, dedicado a la advocación de San Juan Bautista, estaban concluidas. La familia Andino, pilar fundamental de la construcción, estuvo presente junto a todo el pueblo en unos festejos que quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva los días 27 y 28 de julio de ese año.
Aquellos días, Andino fue una verdadera fiesta cívica y religiosa. La música de la icónica Banda Lisa del Colegio de San Carlos de San Lorenzo musicalizó las calles, mientras que el cielo andinense se vistió de gala con demostraciones aéreas y vuelos a cargo de dos naves de la Aviación Civil. El día 27, los actos fueron presididos por el obispo de Rosario, Monseñor Antonio Caggiano, quien también celebró las confirmaciones por la tarde.
El domingo 28 de julio de 1935, a las 8 de la mañana, se abrieron oficialmente las puertas con la misa de inauguración y bendición del templo. Cuenta la historia que, tras el culto, los donantes entregaron las llaves del edificio y, por la tarde, se realizó una multitudinaria procesión por las calles con la imagen de San Juan Bautista, acompañada por las hermanas del Colegio de la Misericordia de San Lorenzo. El almuerzo criollo en la quinta del Sr. Andino, el sorteo de la tómbola y una gran kermese cerraron una jornada inolvidable a beneficio de las obras. Durante las dos décadas siguientes, el templo se mantuvo bajo la jurisdicción de Serodino, con párrocos que viajaban pacientemente para atender a nuestra comunidad.
Crecimiento, reencuentros y pertenencia
A partir de 1958, el templo pasó a la jurisdicción de Timbúes, siendo atendido por sacerdotes que dejaron huella, como Julio Galbiatti, Daniel Lozano y Armando Collazoul. Este último, llegado en el frío julio de 1976, recordaba con profunda emoción la calidez de Pueblo Andino: «Recuerdo los primeros tiempos la calidez de la recepción de la gente y el apoyo que me habían dado… el motor de una vivencia comunitaria que ayudó a aglutinar a la gente, fue el motor de una vivencia que nos unió mucho», supo evocar el querido sacerdote.
Ese mismo espíritu comunitario fue el que impulsó, entre 1979 y 1985, las grandes obras de remodelación del templo y la posterior inauguración de la Casa de la Comunidad. Todo Andino se puso la camiseta: ferias de platos, cenas anuales, campañas de donaciones. Cada vecino puso su granito de arena para ampliar el presbiterio, arreglar los techos y remodelar el interior. No eran solo ladrillos; era la casa común de todos.
El emblema de nuestra identidad

Hoy, al mirar la fachada del templo bajo el cielo de Andino, es imposible no conmoverse. En este rincón del mapa local se cruzan las historias de nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros hijos. Aquí se celebró la vida, se despidió a los seres queridos y se renovó, año tras año cada 24 de junio, la devoción a nuestro santo patrono San Juan Bautista.
El templo no es solo un monumento arquitectónico; es el corazón latente de Pueblo Andino, el testigo silencioso del pasado y el faro de fe que nos sigue uniendo como una gran familia.
Fuente: «Memorias de Pueblo Andino»(Bibiana Pivetta – Norma Alloatti)
