Después del encuentro ante Sportivo Rivadavia, con la tristeza todavía encima y la bronca propia de quien dejó todo, Oscar “Chanchi” Riffel habló con una mezcla de dolor, orgullo y amor por su pueblo. El arquero del Defe, una de las grandes figuras de la jornada, resumió en pocas palabras lo que muchos andinenses sienten: este equipo hizo mucho más que competir. Este equipo volvió a encender algo.
El material, cedido generosamente por los colegas de Deportivas Publicidad, muestra a un Chanchi abatido, golpeado por la eliminación, pero también profundamente agradecido. “Hice un gran partido en lo personal, pero a veces no alcanza”, expresó. Y enseguida puso la mirada en el grupo, en los compañeros, en los que dejan horas, dinero, esfuerzos y cosas propias para venir a representar al pueblo.
Ese es, quizás, el corazón de esta campaña: un equipo que jugó con garra, con pertenencia y con una responsabilidad enorme sobre los hombros. Chanchi lo dijo como sólo puede decirlo alguien nacido ahí, alguien que siente la camiseta de una manera distinta: quiere que las cosas salgan bien “acá, en mi pueblo”. Y en esa frase entramos todos.
Porque el Chanchi no está solo. Chanchi somos todos.
Somos los que llenamos la cancha un miércoles laboral. Somos los que alentamos aunque el partido se haga cuesta arriba. Somos los que volvimos a mirar al Defe con ilusión. Somos los que entendimos que este equipo no vino a cumplir: vino a competir, a representar y a dejar al pueblo lo más alto posible.
El propio arquero reconoció que Andino hizo un gran torneo, que tal vez nadie esperaba este presente, y valoró especialmente el acompañamiento de la gente. La cancha llena, la hinchada, las rifas, el esfuerzo compartido y el respaldo constante fueron parte de una campaña que contagió desde adentro hacia afuera.
También desde la Sub Comisión de Fútbol del CADA llegó un mensaje de agradecimiento para todos los andinenses que acompañaron. El comunicado destacó el apoyo, el buen comportamiento y el respaldo a un proceso que viene creciendo desde el fútbol infantil hasta el fútbol mayor, incluyendo también al fútbol femenino.
Por eso, más allá del dolor lógico de la derrota, queda algo mucho más grande: queda un Defe vivo, unido, competitivo y acompañado. Queda una campaña memorable. Queda un pueblo que volvió a sentirse parte. Queda la certeza de que este camino recién empieza.
Chanchi terminó mirando hacia adelante. Dolidos, sí. Pero pensando ya en el próximo torneo. Porque el Defe demostró que tiene con qué.
Y Andino también demostró algo: que ama y banca al Defe.
Hoy el abrazo es para Chanchi, para cada jugador, para la subcomisión, para la hinchada y para todos los que sostienen este sueño desde el lugar que pueden.
Gracias, Defe.
Gracias por hacernos creer.
Y vamos de nuevo.
