Hay algo mágico en esta fotografía si nos detenemos a observar los detalles: el perro que asoma curioso a la derecha, los barriles apoyados sobre el ladrillo visto y ese grupo de hombres que posan con sus mejores trajes sobre el andén. En ese trazo de tinta que marca la fecha, todos ellos quedaron «vivos» en un eterno presente. Siguen ahí, esperando un tren que traía mucho más que correo; traía el futuro de lo que hoy somos.
Te invitamos a esta pausa necesaria. A mirar los rostros de quienes soñaron este pueblo cuando las vías eran la única conexión con el mundo. Para saber hacia dónde caminamos, primero tenemos que abrazar el lugar donde todo empezó.
¿Reconocés este rincón de nuestro pueblo? ¿Qué historias te contaron tus abuelos sobre la llegada del tren? ¡Contanos en nuestra página de Facebook!
